Samuel West, se ha dado la tarea de crear el Museo de la Comida Asquerosa, en la ciudad sueca Malmö, donde sorprende a sus visitantes con exóticos platillos.

La exposición presenta quesos de Borgoña, langosta, caracoles y gusanos, junto a cabezas de conejo o jugo de ojo de cabra, unos manjares que al público le parecen salidos de un libro de brujería.

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El objetivo del museo es que la gente explore el mundo de la alimentación, que la gente se dé cuenta de la diversidad de gustos culturales y retar a sus visitantes a liberarse de prejuicios para deleitar su paladar con algunos de los alimentos más raros.

La muestra es una vuelta al museo de especialidades más o menos chocantes, en la que hay comida tradicional pero también mala alimentación.

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Desde pene de toro, hasta ratas, chapulines y tarántulas sorprenderá a los visitantes de esta exposición que estará abierta en un antiguo matadero, pero pretende visitar otras ciudades.

El boleto de entrada es de 18 euros e incluye una bolsa de vómito para evitar contratiempos si tu estomago es muy sensible de este corrosivo recorrido culinario, que toma entre media hora y dos horas.

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En la exposición muchos de los alimentos son frescos y algunos pueden tocarse.

A algunos curiosos les cuesta resistirse a tocar el pene de todo crudo, quien es un afrodisíaco en China.

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“Si fuera comida afrodisíaca, de plástico en conserva, no serían tan interesante ni tan divertido”, explicó el director, Andreas Ahrens. “Es una parte importante de la experiencia para el visitante”, a quien el director del lugar guía por las mesas de la exposición.

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Los quesos pueden probarse, mientras que los productos frescos se conservan en el frigorífico unos tres o cuatro días y luego se tiran.

Andreas Ahrens y Samuel West esperan atraer entre 150 y 500 curiosos cada día de apertura y presentar la exposición en otras ciudades de Europa y del mundo.

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