En 1933 Don Delifino Montemayor entraría a su casa luego de una larga jornada de trabajo un 5 de abril y se encontraría con los cuerpos de su esposa y de su hija que yacían sobre las dos camas de una recámara.

Las mujeres habían sido apuñaladas en repetidas ocasiones por un par de familiares y carniceros identificados como Gabriel Villarreal y Emeterio González, quienes habían entrado a la casa de la familia para robar 3 mil pesos en joyas que Don Delfino guardaba con celo como parte de su herencia.

Los familiares eran quienes tenían el conocimiento sobre estas joyas que guardaban la familia. Se aliaron y organizaron con los carniceros quienes se encargarían de apuñalar atrozmente a las dos mujeres.

Este ha sido uno de los crímenes más espantosos en la historia de Monterrey y sigue en la memoria de cada uno de los regiomontanos.

Los habitantes de ese entonces exigían justicia para el hombre que lo había perdido todo, incluso la cabeza después de su familia.

Algunos escritores atestiguan en sus libros que el 28 de abril fueron capturados los asesinos y se les aplicó la ley fuga y sus cuerpos fueron expuestos como trofeos en la Avenida Pino Suárez.